El hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías.
La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza.
La alegría, cuanto más se gasta más queda.
Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas,
nuestros problemas perderían importancia.
La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro.