La zona más rica de nuestras almas, desde luego la más extensa, es aquella que suele estar vedada al conocimiento por nuestro amor propio.
Para juzgar cosas grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble.
El alma es un vaso que solo se llena con eternidad.
¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?
En tres partes se divide el alma humana: en mente, en sabiduría y en ira.