Para hacerse oír, a veces hay que cerrar la boca.
Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello.
Bienaventurados los que no tienen nada que decir, y que resisten la tentación de decirlo.
En virtud de la palabra, el hombre es superior al animal; por el silencio se supera a sí mismo.
Muchas veces lo que se calla hace más impresión que lo que se dice.