Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes.
El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.
Las heridas de la calumnia se cierran pero quedan las cicatrices.
La calumnia siempre es sencilla y verosímil.
Calumniad, calumniad que algo quedará.