El que no tiene carácter no es un hombre: es una cosa.
Nada revela tanto el carácter de una persona como su voz.
Nada revela tan fiablemente el carácter de una persona como su voz.
El carácter es como el acróstico o la estrofa alejandrina: puede leerse desde el principio, desde el final o en cruz: siempre dice lo mismo.
El carácter humano es como una balanza: en un platillo está la mesura, y en el otro la audacia. El mesurado tímido y el audaz indiscreto son balanzas con un brazo, trastos inútiles.