Ser director de cine en España es como ser torero en Japón.
Los auténticos actores son esa raza indomable que interpreta los anhelos y fantasmas del inconsciente colectivo.
Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y , como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.
El negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y de burdel.
El cine es un vehículo de expresión, pero no estoy muy seguro de que sea un arte.