La fuerza es confianza por naturaleza. No existe un signo más patente de debilidad que desconfiar instintivamente de todo y de todos.
La confianza es madre del descuido.
Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza.
La confianza sirve en las conversaciones más que el ingenio.
¿Por qué no tener confianza en la justicia del pueblo? ¿Hay en el mundo esperanza mejor o que pueda igualarla?