Conócete, acéptate, supérate.
Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada.
A todo hombre le es concedido conocerse a sí mismo y meditar sabiamente.
Sólo los superficiales llegan a conocerse a sí mismos.
A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad.