La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer.
La peor prisión es un corazón cerrado.
Estoy bajo el agua y los latidos de mi corazón producen círculos en la superficie.
Jamás se penetra por la fuerza en un corazón.
El corazón tiene razones que la razón ignora.