La educación y la cortesía abren todas las puertas.
En las cortesías antes se ha de pecar por carta de más que de menos.
Difícil es decir cuánto concilia los ánimos humanos la cortesía y la afabilidad al hablar.
La cortesía es como el aire de los neumáticos: no cuesta nada y hace más confortable el viaje.
Quien no sabe mostrarse cortés, va al encuentro de los castigos de la soberbia.