Como a nadie se le puede forzar para que crea, a nadie se le puede forzar para que no crea.
Sería muy simpático que existiera dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista.
Creer posible algo es hacerlo cierto.
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan.