Los defectos, como las pajas, sobrenadan en la superficie; el que quiere encontrar perlas, debe sumergirse.
Un hombre sin defectos es un tonto ó un hipócrita del que debemos desconfiar.
Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
Tengo tres perros peligrosos: la ingratitud, la soberbia y la envidia. Cuando muerden dejan una herida profunda.
¿Quién puede vanagloriarse de no tener defectos? Examinando los suyos, aprenda cada uno a perdonar los de los demás.