La democracia otorga a cada uno de los hombres el derecho a ser el opresor de sí mismo.
La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.
La democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para resolverlos.
Cuidado de la democracia. Como norma política parece cosa buena. Pero de la democracia del pensamiento y del gesto, la democracia del corazón y la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad.
Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos.