Créeme, en tu corazón brilla la estrella de tu destino.
Resulta una gran verdad que el destino es una ley cuyo significado se nos escapa, porque nos faltan una inmensidad de datos.
A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
Yo soy el dueño de mi destino; yo soy el capitán de mi alma.
Caminante no hay camino, se hace camino al andar.