La duda, esa vaga nubecilla que, a veces, habita los cerebros, también puede entenderse como un regalo. Y no es -lo que queda dicho- una aseveración, ya que, sobre ella, tengo también mis dudas.
Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas.
Abrigamos una multitud de prejuicios si no nos decidimos a dudar, alguna vez, de todas las cosas en que encontremos la menor sospecha de incertidumbre.
No harán muy grandes cosas los vacilantes que dudan de la seguridad.
Es preferible fiarse del hombre equivocado a menudo, que de quien no duda nunca.