Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón.
Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.
Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.
Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas.
A quien amigos tiene por millones ninguno sobrará; el que tan sólo un enemigo cuenta por doquier lo encontrará.