Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.
El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.
Castiga a los que tienen envidia haciéndoles bien.
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.