La patria del escritor es su lengua.
Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros.
Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez.
No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición.
El escritor es un hombre sorprendido. El amor es motivo de sorpresa y el humor, un pararrayos vital.