Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
Escucha aún a los pequeños, porque nada es despreciable en ellos.
Nada es fácil ni tan útil como escuchar mucho.
Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.
No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo.