Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.
Los vuelos naturales del espíritu humano no van de placer a placer, sino de una esperanza a otra.
La esperanza y el miedo son inseparables.
La esperanza de una felicidad eterna e incomprensible en otro mundo,
es cosa que también lleva consigo el placer constante.
El ocaso de una gran esperanza es como el ocaso del sol: con ella se extingue el esplendor de nuestra vida.