Todo el que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula.
Aquél que tiene fe no está nunca solo.
No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias.
Un perro hambriento sólo tiene fe en la carne.
La fe comienza donde termina el orgullo.