No vivimos nunca, sino que esperamos vivir; y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.
Estando siempre dispuestos a ser felices, es inevitable no serlo alguna vez.
La felicidad no está en la ciencia, sino en la adquisición de la ciencia.
La felicidad es una estación de parada entre lo poco y lo demasiado.
Hay dos maneras de conseguir la felicidad, una hacerse el idiota; otra serlo.