No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás.
Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo.
La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta.
Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad.
La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.