Hemos preparado a los hombres para pensar en el futuro como una tierra prometida que alcanzan los héroes, no como lo que cualquiera alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga.
El futuro es algo que cada cual alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga y sea quien sea.
Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.
El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era.
La vida humana representa, la mayor parte de las veces, una ecuación entre el pasado y el futuro.