El arte de un príncipe consiste en hacer el bien personalmente y el mal por segunda mano.
Gobernemos gracias al amor y no gracias a la bayoneta.
¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos.
Hay muy pocos que sean tan necios que no prefieren gobernarse a sí mismos antes que ser gobernados por otros.
Hay que vigilar a los ministros que no pueden hacer nada sin dinero y a aquellos que quieren hacerlo todo sólo con dinero.