Los que no tienen hijos ignoran muchos placeres, pero también se evitan muchos dolores.
Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.
La primera mitad de nuestra vida nos la estropean nuestros padres; la segunda nuestros hijos.
Es un dichoso infortunio el no tener hijos.
Grande es siempre el amor maternal, pero toca en lo sublime cuando se mezcla con la admiración por el hijo amado.