Cuando al hombre se le pone como medida de todas las cosas, se le convierte en esclavo de su propia finitud.
Es más necesario estudiar a los hombres que a los libros.
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer
El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear.
Cada hombre lleva un fantasma de mujer, no en la imaginación que entonces sería fácil de expulsarle; sino circulando en su sangre, y cada mujer un fantasma más o menos concreto de hombre.