Para toda clase de males hay dos remedios; el tiempo y el silencio.
Los hombres suelen, si reciben un mal, escribirlo sobre el mármol; si un bien, en el polvo.
La mayoría de los males les vienen a los hombres por no quedarse en casa.
Debemos buscar para nuestros males otra causa que no sea Dios.
Los males llegan volando y se alejan renqueando.