Lo más increible de los milagros es que ocurren.
Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente el que los pidamos.
Toda pulgada cúbica de espacio es un milagro.
La mera idea de que sucedan [los milagros], sin embargo, persiste en la cabeza de mucha gente. Cuando eso muere hace que la gente sea más desgraciada.