No hay que elegir por esposa sino a la mujer que uno elegiría por amigo si fuera hombre.
Cada quien sabe lo que trae en su morral.
Lo que da valor a un placer es usarlo raramente.
El primer castigo del culpable es que su conciencia lo juzga y no lo absuelve nunca.
Los grandes espíritus son como las nubes: recogen para derramarse.