Todo el mundo admite que las historias obscenas que uno mismo escribe, distan de tener un efecto tan peligroso como las escritas por otros.
Ciertos hombres de mal corazón creen reconciliarse con el cielo cuando dan una limosna.
Medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas.
El que no se posee a sí mismo es extremadamente pobre.
Cada uno es ortodoxo con respecto a sí mismo.