En el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría de la masa física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política.
El castigo más justo es aquel que uno mismo se impone.
La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.
Primero el suelo nativo que nada. Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país.
Si el acreedor pensara más en la otra vida, el deudor lo pasaría mejor en ésta.