La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.
Muerte es todo lo que vemos despiertos; sueño lo que vemos dormidos.
La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes.
El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar.
A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.