La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía.
Componer no es difícil, lo complicado es dejar caer bajo la mesa las notas superfluas.
El jarrón da forma al vacío y la música al silencio.
El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla.
La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.