Odiar a alguien es otorgarle demasiada importancia.
El Odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.
Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor.
El odio del contrario es el amor del semejante: el amor de esto es el odio de aquello. Así, pues, en sustancia, es una cosa misma odio y amor.
El odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor.