No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.
El padre debe ser el amigo, el confidente, no el tirano de sus hijos.
Lo que habéis heredado de vuestros padres, volvedlo a ganar a pulso o no será vuestro.
Un padre vale por cien maestros.
La virtud de los padres es una gran dote.