Nuestra mayor gloria no está en no haber caído nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos.
Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia.
Nos gusta llamar testarudez a la perseverancia ajena pero le reservamos el nombre de perseverancia a nuestra testarudez.
Si te caes siete veces, levántate ocho.
¡Caer está permitido. Levantarse es obligatorio!.