Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas.
El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro.
En mi propia casa como en la ajena, he creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de significación.
Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos.
El ritmo es lo que hace a la poesía persuasiva y no informativa.