Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado.
En política siempre debemos optar entre dos males.
Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse.
Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione.
He dicho muchas veces que la política es la segunda profesión más baja y me he dado cuenta de que guarda una estrecha similitud con la primera.