El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.
Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima menos de lo que vale.
A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.
Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo.