Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.
El suicidio sólo debe mirarse como una debilidad del hombre, porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras.
Los que matan a una mujer y después se suicidan debían variar el sistema: suicidarse antes y matarla después.
Suicidarse es subirse en marcha a un coche fúnebre.
El suicidio es una bancarrota fraudulenta.