La televisión nos proporciona temas sobre los que pensar, pero no nos deja tiempo para hacerlo.
La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza, sino que además en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán.
La televisión se nos aparece como algo semejante a la energía nuclear. Ambas sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales.
Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia.
La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural.